El tendón tibial posterior es una estructura clave en la biomecánica del pie y el tobillo, cuya afectación suele ser causa de dolor crónico, alteración de la marcha y deformidades en el arco plantar.
El tendón tibial posterior en la cara posterior de la tibia, el peroné y la membrana interósea. Desciende por la cara interna de la pierna y pasa justo por detrás del maléolo interno del tobillo, atravesando el túnel del tarso, insertándose principalmente en el hueso escafoides (o navicular) y envía expansiones fibrosas hacia la primera y segunda cuña y a las bases del segundo, tercer y cuarto metatarsianos.
Es el principal estabilizador dinámico del arco longitudinal interno del pie. Funciona biomecánicamente como la piedra angular
de un acueducto o como las riendas
que sujetan la bóveda plantar. Actúa como un potente antipronador
: en la fase de impacto de la marcha o la carrera, realiza una contracción excéntrica que amortigua el choque y evita que el tobillo se venza hacia adentro. En la fase de despegue, colabora con los gemelos y el tendón de Aquiles para impulsar el cuerpo, realizando flexión plantar e inversión del pie.
El dolor en esta zona es síntoma de una disfunción tendinosa que suele evolucionar de forma progresiva, la causa principal es una pronación excesiva no corregida. Al pisar con un exceso de pronación, el tendón soporta una tensión mecánica constante que supera su capacidad de resistencia.
Típicamente se siente en la cara interna del tobillo y a lo largo del arco del pie. Empeora al caminar, correr, subir escaleras o al intentarse poner de puntillas. Existen factores desencadenantes o predisponentes como:
Practicar running con exceso de kilometraje, técnica deficiente o calzado gastado/inadecuado.
- Alteraciones en la pisada o falta de fuerza/movilidad en el dedo gordo y la cadera.
- Transiciones precipitadas hacia el calzado minimalista o la carrera descalzo sin el acondicionamiento progresivo necesario.
- Sobrepeso, diabetes o factores hormonales y de edad (siendo más frecuente en mujeres de 40 a 60 años).
El abordaje del tratamiento se determina según el grado de la lesión (clasificado tradicionalmente en 4 estadios)
- Tratamiento conservador y de primera línea (Estadios iniciales e intermedios)
Reposo relativo e inmovilización: Detener las actividades de impacto de forma inmediata. En casos de inflamación o dolor agudo, se recurre temporalmente a una bota tipo Walker o a vendajes funcionales/kinesiotape para descargar la tensión del tejido.
Plantillas personalizadas con soporte de arco interno: Es la medida biomecánica más efectiva para elevar la columna medial del pie, aligerar el trabajo del tendón y corregir el exceso de pronación.
- Terapias regenerativas y avanzadas (Tendinosis crónica sin rotura completa)
Infiltraciones ecoguiadas de Plasma Rico en Plaquetas (PRP) o suero autólogo condicionado, orientadas a reactivar la autocuración y la regeneración del tejido. Las infiltraciones de corticoides están contraindicadas directamente dentro del tendón, ya que debilitan su estructura y aumentan el riesgo de rotura.
Electrolisis Percutánea Intratisular (EPI) para estimular la reparación en tendinopatías crónicas.